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En este espacio pueden ver, en pocas palabras, varias de mis ideas acerca del mundo, la ciencia y la vida. Estas frases son de mi autoría, así que si tengo el privilegio de que las difundan, sólo les pido que lo hagan dando el crédito debido a David Valle García y/o refiriendo a esta página. Muchas gracias y espero que las disfruten.

La verdadera naturaleza de la ciencia no es darnos respuestas sino guiarnos hacia las preguntas correctas.

La ciencia no es un lujo de los países desarrollados, es su motor.

Si el impacto de una investigación científica se pudiera predecir, hace tiempo hubiéramos encontrado las curas para todas las enfermedades.

Se llama investigación por una razón: no tenemos la certeza de qué vamos a encontrar al final del camino.

Los grandes científicos deben ser, por definición, buenas personas.

Lo que hace bueno a un científico es su ciencia. Lo que lo hace grande es, además, su humanidad.

La comida y las personas nunca deben ser juzgadas por su apariencia.

Todos tenemos un precio. Pero algunos precios no se pueden expresar en el lenguaje del dinero.

El que aparenta ser quien no es no puede mas que añorar la felicidad ajena.

Nada es completamente verdadero o completamente falso. Vivimos condenados a un mundo de relatividades.

Al final, la muerte le va a ganar a la vida. Es absurdo, por lo tanto, hacer de la vida una competencia.

La vida por si sola no persigue un fin mayor que el de su propia subsistencia. Si desearmos darle algún otro sentido, es nuestra responsabilidad definirlo y perseguirlo.

El sabernos responsables de nuestro destino es liberador para algunos y aterrador para otros. Mientras no podamos superar ese miedo, las religiones siempre encontrarán un terreno fértil para sus negocios.

El amor es como la vida. Un evento frágil y fortuito que surge de una combinación peculiar de elementos que, sin embargo, con la debida paciencia y un poco de suerte puede florecer en las más bellas e increíbles formas.

No hay nada que me haga creer en el amor eterno. Pero cuando me pierdo en uno de tus besos estoy dispuesto a hacerle una concesión a mi irracionalidad.

Para poder ser feliz al lado de la persona que amas, primero debes abandonar el miedo a perderla.

Se dice que no hay mayor fortuna que la de la persona que muere después de haber cumplido todos sus sueños. Mejor deberíamos decir que cuando no se tienen ya sueños por cumplir, es cuando nos sobreviene la muerte.

La virtud de los grandes problemas es que nos pueden transformar en grandes personas.

Lo malo no es no saber algo, sino ser incapaz de aceptar nuestra ignorancia.

Quienes recuerdan con nostalgia las bondades del pasado frecuentemente olvidan sus problemas; esos mismos problemas que nos obligaron a moldear el presente tal como lo conocemos.

El verdadero éxito es poder hacer lo que nos apasiona sin tener que impedirle lo mismo a otras personas.

La única cifra que puede medir el éxito es el número de personas a las que les hemos ayudado a perseguir sus sueños.

El problema no es el dinero. El problema es que se use como un fin, no como un medio. Entonces, ¿qué debemos hacer? ¿cambiar el sistema monetario? Algo apenas más difícil: tenemos que cambiarnos a nosotros mismos.

La muerte no me preocupa, esa la administrarán los que vengan. Lo que me preocupa, lo que me ocupa, es la vida.

Convertir en obligación algo que se debe hacer por gusto es la forma más eficiente de evitar su práctica.

Es muy triste ver cómo casi siempre la pobreza material viene acompañada de pobreza intelectual. Es entendible, quien no puede llenar el estómago difìcilmente le puede dar prioridad a llenar la cabeza. Pero lo que encuentro igualmente atroz, y más complicado de explicar, es la poca frecuencia con que la riqueza material y la riqueza intelectual parecen convivir. Me da la impresión que el intelecto, para mantenerse saludable, necesita una dosis moderada de dinero y de poder.