Las cuentas

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Las cuentas

Saludos.

Esta entrega es muy especial porque con ella inaguro el posteo de mis cuentos. De cuando en cuando iré compartiendo lo que vaya escribiendo, ojalá sea de su agrado.

En esta primera oportunidad les dejo el primer cuento que escribí y hace poco mejoré. Es sin duda mi favorito, así que espero que lo disfruten. Sus críticas y comentarios son bienvenidos.

Las cuentas

Si tan sólo pudiera medir el fulgor de las estrellas, pensé mientras jugaba distraídamente con un lápiz. Me volteaste a ver justo en ese momento, como si hubieses notado algo inusual en mi adormecido rostro. Al ver tu cara de confusión sonreí, pero tu repentina expresión de seriedad me hizo ver que no te hacía nada de gracia. Sin decir palabra continuaste con tus cuentas. Sabía que te estaba empezando a molestar, o mejor dicho te empezaba a molestar más de lo usual. Nunca te percatabas de lo que pasaba por mi cabeza y si lo hacías nunca te interesabas en ello. Tanta concentración en el papel te distraía de todo, sin embargo los números ahí plasmados te significaban cada vez menos.

Observé tus ojos mientras saltaban de una fórmula a otra. Cada vez que los veía notaba un peculiar brillo en ellos y pensaba que debían guardar algún extraño secreto. Tomé mis notas y comencé a garabatear de manera casi frenética, dejando trazos muy marcados en el papel. Sí, definitivamente me gustaban tus ojos.

El ruido afuera era cada vez mayor, ¿o sería que adentro había cada vez más silencio? Un perro ladrando, el eterno susurro del refrigerador y el constante crick crick de los grillos. Yo escribía mis notas y tú seguías maldiciendo por lo bajo, porque las cuentas no salían.

Miles de veces te vi borrar lo que acababas de escribir, sólo para volver a llenar la hoja en unos cuantos segundos. Centenas de números rondaban por tu cabeza, como luciérnagas traviesas que aparecían y desaparecían en los sitios más oscuros de tu cerebro. Y nada, simplemente las cuentas no salían. Mientras, yo seguía con mis notas, escribiendo cada vez más rápido, aunque sin un destino que me fuera evidente en ese momento.

Definitivamente la inspiración se había ido a esconder a quién sabe qué región perdida de la galaxia, allá dónde mi mente vagaba constantemente en esos momentos, buscándola ansiosamente. Yo mis notas y tú tus cuentas.

Pasaron los minutos y mis notas cada vez eran más escuetas y comenzaban a mostrar rasgos de fastidio. La inspiración, esa vieja elusiva y burlona, se había ido a otro lado. Y aún tus cuentas parecían seguir resistiéndose.

Me levanté finalmente tras haber estado varios minutos sin escribir nada.

– “¿Y las cuentas?”, te pregunté.

– “Siguen sin salir” fue tu respuesta. Noté que ya era muy noche, así que tomé mis cosas y me dirigí a la puerta. Apenas nos despedimos, como si tuviéramos toda la vida por delante para ser más efusivos. Fue la última vez que te vi, hasta ese momento cerca de aquél café.

Debo confesar que tardé un poco en reconocerte. Tu cara era diferente, y tus ojos no brillaban más. Habían pasado varias décadas desde la última vez y mi memoria ya empañada con el tiempo tuvo que desempolvar viejos recuerdos. Aunque no lo hicieron con la rapidez que me habría gustado, las memorias llegaron vívidas, frescas y renovadas. Me estremecí un poco al reconocer mi propia vejez en tu rostro marcado por los años, sin embargo me acerqué a ti, con la firme decisión de hablarte. Al notar que dudaste un poco al verme, me percaté que debía haber cambiado tanto o más que tú. Sin embargo, aceptaste de buen grado cuando te invité a tomar algo. Platicamos un buen rato y me contaste de tu familia, tu trabajo y tus proyectos. Yo te escuchaba hablar pero era como si viera a otra persona, más vieja, más lenta, más cansada.

Las horas se fueron volando y el cielo se cubrió rápidamente con esa molesta y espesa oscuridad, típica de las noches sin luna. Me dijiste que tenías que irte y nos despedimos como si nos hubiéramos visto todos los días. Estabas abriendo la puerta, a punto de desaparecer, cuando vino a mis labios la pregunta:

– “¿Y las cuentas?”. Te paraste en seco al escuchar mis palabras. Poco a poco tus ojos renacieron de nuevo, y brillaron en la penumbra. No podía ver tu rostro con claridad, pero casi podría jurar que sonreíste, como si esa sola pregunta hubiera hecho retroceder el tiempo hasta aquella última vez.

– “No salieron”, me respondiste con una voz tan nostálgica como familiar, mientras te perdías en el frío de la noche.

Espero que l@s que llegaron hasta acá, hayan disfrutado del cuento. Para obtener la versión pdf del mismo, hagan click aquí

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“Las Cuentas” por David Valle García Se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

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One Comment

  1. bardruck 25 Febrero, 2012 at 8:58 PM - Reply

    Me gustó el estilo narrativo, las frases son adecuadas a cada momento casi te sientes en el lugar del protagonista, esta muy bien estructurado. Pero la historia me dio una hueva…esperaaba al menos un climax, una razón un conflicto a resolver, y nada, el vacio, la ubicuidad, a lo mejor ese era el objetivo.

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