Se feliz, carajo

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Se feliz, carajo

Hoy estaba comiendo tranquilamente cuando no pude evitar percatarme que en la mesa de al lado una señora bastante escandalosa estaba tratando de consolar a una anciana que estaba con ella en la mesa. Traté de atender mis propios asuntos, pero el tono de voz de la susodicha era tan alto que era imposible no escuchar lo que estaba diciendo. En resumen, la señora le estaba gritando a la anciana: “Pero no llore, que aquí estamos celebrando su vida”. Al parecer la anciana lloraba porque alguna persona cercana a ella estaba en el hospital con cáncer, o algo así. Los detalles no son importantes. Lo que me llamó la atención es la elocuencia de la señora gritona: “No debe usted llorar”, repetía una y otra vez.

Yo seguí con mis asuntos tratando de no hacer caso, pero no pude evitar pensar: ¿Y por qué no debe llorar? Verán, hay algo que siempre se me ha hecho extraño sobre nuestra cultura. Desde niños se nos enseña que tenemos que ser felices y que en los momentos difíciles hay que ser fuertes. ¿Pero quién dijo que ser felices y fuertes era lo mejor?

Tal vez mi opinión sea medio impopular, pero yo creo que hay que darle al sufrimiento su lugar, tanto como se lo damos a la felicidad y el bienestar. No podemos, ni debemos, ser felices y ser fuertes todo el tiempo. A veces es saludable llorar, aceptar que somos frágiles, que tenemos miedo. No hay nada de malo en eso. Miren, si algo he aprendido de la vida es que la cosa es tremendamente complicada, caótica e injusta. Hay mucha gente buena a la que le da cáncer. Y hay mucha gente abusiva, egoísta y maltratadora que anda por la vida como si nada. Hay muchísimas cosas que salen de nuestro control y no tenemos ninguna evidencia de que un juez ulterior o alguna fuerza sobrenatural arregle las cosas.

Pero David, ¿Entonces estás diciendo que debemos aceptar el sufrimiento sin más? ¿Tomarlo como una parte necesaria de la vida? No precisamente. No creo que sufrir sea una virtud. Debemos en la medida de lo posible reducir el sufrimiento. Hay mucho, muchísimo sufrimiento innecesario en el mundo. Pero tampoco creo que sea una virtud la búsqueda incesante de la felicidad. Sobretodo ese estilo de búsqueda de la felicidad tan característico de los libros de autosuperación del estilo: Si lo deseas, tú puedes campeón(a). La verdad es que la cosa no funciona así y eso termina generando mucho miedo, frustración, toneladas de autonegación y la necesidad de comprar más libros de autoayuda. De hecho, tomar la actitud de: Todo está bien, o todo va a estar bien, limita nuestra capacidad de cambiar las cosas. Si todas las desgracias de este mundo las vamos a racionalizar con un No hay mal que por bien no venga, entonces podemos aceptar hasta las peores atrocidades. Hay muchos, muchísimos males que vienen sin más. Y no debemos negar que esos males son dignos de derramar algunas o muchas lágrimas. Aceptar que algo nos causa dolor, miedo y frustración es precisamente lo que nos permite buscar soluciones auténticas que no pasen por la simple autonegación y el positivismo estéril.

Claro que es desgarrador ver a un familiar o a un amigo sucumbir ante una enfermedad como el cáncer. Pues bien, si realmente queremos celebrar la vida de una forma efectiva, invirtamos en investigación para bucar mejores terapias contra el cáncer. Pero simplemente pedirle a los familiares que no lloren, no sólo se me hace una falta de respeto y empatía por lo que esas personas están sintiendo, es completamente inútil. Ahora, no digo que debamos tirarnos a la depresión sin más. Pero tampoco podemos exigirnos la felicidad eterna. Eso existe sólo en los cuentos de hadas y convenientemente ni nos cuentan bien de qué se trata. Sólo asumimos que es algo que pasa al final. La felicidad, a mi forma de verlo, son pequeños flashasos aquí y allá, que a veces incluso pasan inadvertidos en el momento. Otros son tan intensos que alcanzan para toda una vida. Pero están lejos de ser una constante. Como decía Rockdrigo González: A veces pienso qué, has tenido un poco de suerte en estas páginas dibujadas por la muerte. Tratemos de extender la suerte lo más que podamos y a la mayor cantidad de personas, pero nunca olvidemos el mar que navegamos. Ya sé que para algunos el simple pensamiento es muy sombrío e insoportable, no por nada las religiones son tan populares. Pero me parece que en el momento que aceptemos que estamos solos y a nuestra suerte, tal vez vamos a hacer un poco más para arreglar todos esos desperfectos que están bajo nuestro control, y no preocuparnos tanto por los que no lo están.

¿Ya vieron lo que provocan? A la próxima por favor déjenme comer en paz.

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